miércoles, 16 de febrero de 2011

El metro, la homofobia y el último vagón social

El metro, la homofobia y el último vagón social
Una oportunidad para la reflexión colectiva responsable
Sergio Alan Villarreal
México DF, febrero 10 de 2011.
Las declaraciones desafortunadas
Otra vez, el tema es el metro, la etiqueta y el estigma. Las declaraciones contenidas en una nota del diario Excélsior, fechada el 4 de febrero, marcan la pauta. Titulada "Ponen fin a la 'cajita feliz'; cierra el Metro los últimos vagones", incluye expresiones controvertibles por parte de funcionarios públicos. “Después de las 22:00 horas, los usuarios que quieran abordar uno de los últimos tres vagones del Metro, en las Líneas 1, 2, 3, 9 y B, no podrán hacerlo porque el Sistema de Transporte Colectivo decidió prohibir el acceso debido al comportamiento de algunos homosexuales”, dice la entrada de la nota.
De nuevo, la marca sobre el ánimo de una colectividad plural y una realidad que existe, pero que es abordada bajo la visión del prejuicio. “'Por los gays, porque se estaban apoderando de las instalaciones. Se tienen hasta grabaciones en las que se está practicando sexo oral', explicó a Excélsior un oficial que resguardaba el andén de la estación Bosque de Aragón, de la Línea B”, reporta el diario.
Luego, las declaraciones de Carlos Martínez, jefe de la estación Garibaldi : “Se hace porque ya en las últimas horas de servicio se están dando situaciones entre parejas, de hombre-hombre, hombre-mujer o mujer-mujer. Muchos usuarios se quejan y nosotros tenemos que hacer algo”. Varios medios de comunicación replican de inmediato la información en internet.
Sin embargo, como ya han comentado varias personas, siempre habrá un "último vagón". Tal vez logren que la gente vaya más junta, pero ésa no parece ser la medida más sensible, efectiva y consciente.
El desmentido escueto
El mismo 4 de febrero, en la página oficial del Sistema de Transporte Colectivo Metro (STC Metro) aparece un comunicado que contradice, de manera implícita, las declaraciones de los funcionarios entrevistados por Excélsior. “El STC efectúa, periódicamente, la revisión de sus actividades constatando, recientemente, que la afluencia de usuarios a partir de las 22:00 horas, salvo excepciones, disminuye considerablemente, por lo que, para seguridad del pasaje, ha decidido dejar fuera de servicio los últimos vagones”, explica.
“El estudio efectuado al respecto, no implica problema específico; sino, únicamente, la decisión de evitar que, la escasa presencia de viajeros, pudiera producirlo. Por tanto, el STC ha resuelto que, a partir de las 22:00 horas, los últimos vagones de los trenes quedarán fuera de servicio”, agrega el escueto comunicado de la institución que el 18 de mayo de 2007 firmó un convenio con 30 organizaciones civiles de la diversidad sexual, en el cual se comprometió a abandonar las acciones discriminatorias hacia ese sector social en dicho medio de transporte.
La reacción desde el prejuicio; luego, el cambio de matiz
Y se suelta la ola de comentarios de lectores bajo ópticas variadas, algunos incluso cargados de evidente homofobia, en el sitio web de Excélsior, en la página donde está publicada la nota. El prejuicio recibe con estas declaraciones de funcionarios públicos el impulso adecuado para expresarse, visibilizarse, justificarse y confirmar su presencia social. Comprensible, por supuesto, era de esperarse.
El diario le da seguimiento al tema. Al día siguiente publica el texto titulado "Prohibición del metreo es para todas las preferencias sexuales, aclaran". La nota se presenta con un matiz distinto de la publicada 24 horas antes, a partir de la naturaleza de las declaraciones.
“Sobre esto, la jefatura de la estación Garibaldi, Línea B, puntualizó que las acciones no estaban dirigidas a un grupo en específico, sino contra un tipo de actividades que están prohibidas en la Ley de Cultura Cívica del DF”, rectifica la nueva versión periodística.
Un diputado local incorporado al PRD avala la acción del STC Metro, aunque suelta la necesaria y obligada declaración de quien preside la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal: “Estaremos pendientes de que no haya prácticas discriminatorias, porque lo que no es admisible es que una medida de orden tenga algún destinatario específico”.
Pero ese destinatario existe, la evidencia periodística lo señala, aunque la institución involucrada haya respondido con un comunicado que buscó corregir los alcances públicos inevitables de una decisión que había decidido manejar con un bajo perfil mediático.
Urgente, analizar de manera abierta y transparente esta realidad
Lo importante para la ciudadanía del Distrito Federal es darse cuenta de que las oportunidades hay que aprovecharlas para avanzar en lo colectivo. Tal vez este sea el momento social adecuado e inaplazable para abordar este tema a fondo, de manera abierta y transparente. Que se acaben las ambigüedades y sea analizado con apertura, responsabilidad y conciencia por parte de la sociedad, con la participación de las autoridades mismas y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.
Por supuesto, los actos sexuales en lugares públicos se dan en parejas heterosexuales y homosexuales por igual. En particular, el metro es, además de transporte público, un espacio compartido donde se registra una gran diversidad de hechos cotidianos en una de las megalópolis más pobladas y transitadas del planeta, tan plural como la misma expresión humana. No es cuestión de orientación sexual, estatura o color de piel. La gente a veces va tensa o divertida; en algunas ocasiones busca el desfogue de sus ánimos reprimidos y encuentra motivos para reír, empujar o gritar, busca con quien coquetear o platicar, o simplemente va serena, sumida en sus reflexiones o tan agotada que termina por quedarse dormida.
En el caso del último vagón, algunos lo buscan para ligar y pasar al adrenalínico hecho de atreverse a lo sexual en un transporte público. Pero más que justificar o condenar a priori esta realidad, es indispensable, en este momento coyuntural histórico para la sociedad capitalina, analizarla de manera colectiva, con objetividad y responsabilidad social.
Cierto es también que otras y otros, muchas personas gays y bisexuales, prefieren el último vagón para transportarse en un ambiente cómodo y sin homofobias, no porque quieran tener sexo ahí, sino simplemente para jotear, conocer a alguien o intercambiar afecto con su pareja como cualquier heterosexual lo hace en cualquier lado, pero en este caso sin la incomodidad de las miradas del prejuicio.
Salirse del último vagón social
La población con orientación sexual distinta de la heterosexual es tan diversa como la sociedad misma. Hay algunos que viajan en la retaguardia social (incluso hay personas con orientación homosexual que son integrantes activas de las instituciones más conservadoras del país), pero otros marcan el rumbo en la vanguardia colectiva.
Resulta muy interesante observar que hay mujeres y hombres que aman a personas de su mismo sexo y deciden con evidente empoderamiento personal salirse del útimo vagón social, desprenderse de las etiquetas, el estigma y la automarginación.
Vaya que es preciso enfatizar ahora que expresar los afectos o besar a la pareja en un lugar público no es delito ni falta administrativa en el Distrito Federal. Y eso lo están haciendo efectivo muchas parejas gays en toda la ciudad, sobre todo jóvenes, ejerciendo sus derechos y la igualdad que les garantiza la ley y la propia Constitución, al igual que lo hace desde hace mucho cualquier pareja heterosexual.
La juventud marca la tendencia global inevitable: detesta los autoengaños sociales
La sociedad evoluciona ahora más rápido, gracias a la inmediatez de las comunicaciones y la apertura informativa, que es una tendencia global ya muy definida. La transparencia es lo que marca la pauta. La juventud detesta los autoengaños sociales. Y es la juventud la que señala el camino a seguir en el actual entorno que clama por soluciones inmediatas, sobre todo a través de internet, sede de las redes sociales, la nueva herramienta que está acelerando los cambios inevitables en las sociedades, aquí y en muchas otras partes del mundo.
En nuestro caso, el Distrito Federal es la locomotora del avance social incluyente en este tren llamado México. Es la población misma la que ha impulsado los cambios y el poder gubernamental local ha atendido en ocasiones afortunadas ese sentir colectivo, que aquí suele ser más incluyente e igualitario que en otras regiones del país donde los sectores sociales vulnerados están más desprotegidos. Y aunque a veces aparecen algunas expresiones todavía retardatarias, más que buscar culpables es preciso encontrar soluciones responsables, sensibles, incluyentes y conscientes.
Las autoridades emanadas de la izquierda mexicana, si bien han demostrado que son imperfectas en el ejercicio de su desempeño público, han tomado también decisiones acertadas, sensibles e incluyentes, han sabido rectificar. Es justo y pertinente reconocer sus aciertos pero también, como en este caso, ayudarlas a ser más responsables y conscientes en sus acciones, para avanzar todas y todos juntos hacia un destino más justo, igualitario, civilizado y generoso para todas las personas. En todo caso, vamos en el mismo tren social hacia un destino compartido.

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